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El Hombre Que Escaló Murallas

Andrés Obregón

Entre las montañas y un lugar
Vivía un hombre junto al mar
Donde se decía que los hombres nunca lloran
Donde las espinas se guardaban en las sombras

Y de las batallas que vivió
No existen fotografías
Ni medallas, ni trofeos, ni repisas
Solamente le quedaron las heridas

Tal vez el silencio lo cubrió
De todo lo que sentía
No contaba nunca nadie su dolor
En el pueblo muchos le tenían pavor

Y es que así aprendió a defenderse de la vida
Una mano con su escudo y la otra en su familia
Con batallas escondidas caminando cuesta arriba
Intentando que sus hijos aprendieran qué es la vida

Él hacía todo lo que estaba en sus manos
Él peleaba con dragones
En su casa con un mago
Que cantaba
Lo que el corazón callaba

Ese hombre escaló murallas sin que nadie se enterara
Ese hombre levantó su casa desde cada madrugada
Ese hombre recibió las flechas que llegaban a la puerta
Y mirando hacia su casa donde estaba su familia

Con las flechas en la espalda y sin quejarse de la herida
Sonreía

Con la mirada de un hombre
Con el corazón de un niño
No diré que era perfecto
Él también sentía miedo

También era vulnerable
Y no tenía superpoderes
Pero ahora más que nunca
Sé que él era un superhéroe

Y de carácter fuerte, pero el alma alegre
Disfrutaba a sus amigos, a su esposa y a sus hijos
Y con una carcajada inconfundible
En el pueblo se sabía que llegabas y reía

Y él hacía todo lo que estaba en sus manos
Descifrando sus fantasmas
Entendiendo a ese mago que cantaba
Lo que el corazón callaba

Ese hombre escaló murallas sin que nadie se enterara
Ese hombre levantó su casa desde cada madrugada
Ese hombre recibió las flechas que llegaban a la puerta
Y mirando hacia su casa donde estaba su familia

Con las flechas en la espalda y sin quejarse de la herida
Sonreía

Ese hombre escaló murallas sin que nadie se enterara
Ese hombre levantó su casa desde cada madrugada
Ese hombre recibió las flechas que llegaban a la puerta
Y mirando hacia su casa donde estaba su familia

Con las flechas en la espalda y sin quejarse de la herida
Sonreía