395px

Cadena Paladar

Frank Delgado

Cadena Paladar

Yo nunca voy a olvidar en la vida el mito de Raquel.
La pasión, la bondad de esa dulce mujer
que se hizo rica y famosa vendiendo tamal en la arena
pregonando descalza por playa de Ipanema.

Y por esas cosas locas que hay en las telenovelas
donde realidad y ficción dejan siempre sus secuelas
y cuando Regina Duarte comenzó a ser un fetiche
todo el mundo allá en La Habana quiso hacer su timbiriche.

Yo voy a hacer mi Paladar, mejor que el Tocororo.
Pa' que tú puedas comer chatinos y arroz moro.
Mejor que el Tocororo.
Chatinos y arroz moro.

Fue así, de esa manera empezó la batalla campal
del Estado Cubano y la Cadena Paladar.
Argumentando la ley, la salud, la paz y la decencia
no podían soportar tan cruda competencia.

Persiguieron la moamba, requisaron los insumos
y multaron los indicios de sociedad de consumo.
Y una noche, en una de ellas, cuando mejor se comía,
llegó el Jefe de Sector como con treinta policías.

Y se acabó mi Paladar mejor que el Tocororo.
Pa' que tú puedas comer chatinos y arroz moro.
Mejor que el Tocororo.
Chatinos y arroz moro.

Y pasó el tiempo y agosto violento por el calendario
y yo me convertí en un pequeño empresario.
Tengo licencia para empalagar tus sentidos dispuestos
y sé hacer malabares pa' pagar los impuestos.

No me preguntes mi hermano, de dónde saco la harina,
dónde pesco la langosta, no me la pongas en China.
No le halles la hipotenusa a este triángulo tan loco
disfruta de tu comida y déjame vivir un poco.

Que ya tengo, mi Paladar mejor que el Tocororo.
Pa' que tú puedas comer, chatinos y arroz moro.
Mejor que el Tocororo.
Chatinos y arroz moro.

Cadena Paladar

Eu nunca vou esquecer na vida o mito da Raquel.
A paixão, a bondade daquela doce mulher
que ficou rica e famosa vendendo tamal na areia
anunciando descalça pela praia de Ipanema.

E por essas coisas malucas que existem nas novelas
onde realidade e ficção sempre deixam suas marcas
e quando Regina Duarte começou a ser um fetiche
todo mundo lá em Havana quis fazer seu timbiriche.

Eu vou fazer meu Paladar, melhor que o Tocororo.
Pra você poder comer chatinos e arroz moro.
Melhor que o Tocororo.
Chatinos e arroz moro.

Foi assim, dessa maneira começou a batalha campal
do Estado Cubano e a Cadena Paladar.
Argumentando a lei, a saúde, a paz e a decência
não podiam suportar tão crua concorrência.

Perseguiram a moamba, requisitaram os insumos
e multaram os indícios de sociedade de consumo.
E uma noite, em uma delas, quando se comia melhor,
chegou o Chefe de Setor com uns trinta policiais.

E acabou meu Paladar melhor que o Tocororo.
Pra você poder comer chatinos e arroz moro.
Melhor que o Tocororo.
Chatinos e arroz moro.

E o tempo passou e agosto violento pelo calendário
e eu me tornei um pequeno empresário.
Tenho licença pra empalagar seus sentidos dispostos
e sei fazer malabarismos pra pagar os impostos.

Não me pergunte, meu irmão, de onde eu tiro a farinha,
de onde eu pesco a lagosta, não me coloque em saia justa.
Não tente achar a hipotenusa desse triângulo tão louco
desfrute da sua comida e me deixe viver um pouco.

Que já tenho, meu Paladar melhor que o Tocororo.
Pra você poder comer, chatinos e arroz moro.
Melhor que o Tocororo.
Chatinos e arroz moro.

Composição: Frank Delgado