395px

Tango do Apostador

Joaquín Sabina

Tango Del Quinielista

Esta es la historia de un hombre cualquiera
Que una tarde marchita de domingo
Pegado al transistor, sufre y espera
A que den el resultado del partido
Suena un tango que aflora
Entre las equis, los unos y los doses traicioneros
Del equipo local
Que con más clase sin embargo ha perdido
Demoliendo tanta terca ilusión
Dinamitando tantas torres de naipes, tantos sueños
Del quinielista pobre que tendrá
Que volver a la fabrica de nuevo
El lunes a las ocho
Como cada semana renunciando
De momento, a la entrada del piso y a la boda
Por culpa de un balón y de un portero
De un penalti cabrón y de un defensa
Por culpa de un maldito delantero
Desengaños, que asaltan las murallas del invierno
Cuando se va la tarde del domingo y no le queda al hombre
Más consuelo que esperar el vaivén de la fortuna
Rescatar del baúl el traje nuevo
Ir con la novia al cine donde explora
Con inútil pasión sus blandos senos
Y mientras Marlon Brando en la pantalla baila un tango en París
Vuelve el recuerdo del arbitro traidor
¿Cómo es posible que un penalti desaga tantos sueños?
Y a las ocho
Se acostarán por fin en aquel viejo cuartucho de pensión
La misma cama de la manta amarilla
El mismo miedo a manchar el colchón
Donde abandonan arrugados los últimos esfuerzos
De la tarde marchita de domingo
Que abre la oscura puerta del silencio
Como una mano blanda y taciturna
Cuando los verdes dedos del invierno
Hayan ido cerrándose cansados
Sucios, ajados, turbios, polvorientos
Hasta llenar de frío las papeleras
Donde agoniza el corazón
Del tiempo

Tango do Apostador

Esta é a história de um homem qualquer
Que numa tarde murcha de domingo
Colado no rádio, sofre e espera
Pelo resultado do jogo
Toca um tango que surge
Entre os xis, os uns e os doses traiçoeiros
Do time da casa
Que, com mais classe, no entanto, perdeu
Destruindo tanta teimosa ilusão
Dinamitando tantas torres de cartas, tantos sonhos
Do pobre apostador que terá
Que voltar à fábrica de novo
Na segunda às oito
Como toda semana, renunciando
De momento, à entrada do apartamento e ao casamento
Por causa de uma bola e de um goleiro
De um pênalti safado e de um zagueiro
Por culpa de um maldito atacante
Desilusões que assaltam as muralhas do inverno
Quando a tarde de domingo se vai e não sobra pro homem
Mais consolo que esperar o vai e vem da sorte
Resgatar do baú o terno novo
Ir com a namorada ao cinema onde explora
Com inútil paixão seus seios macios
E enquanto Marlon Brando na tela dança um tango em Paris
Volta a lembrança do árbitro traidor
Como é possível que um pênalti desfaça tantos sonhos?
E às oito
Finalmente se deitarão naquele velho quartinho de pensão
A mesma cama da manta amarela
O mesmo medo de manchar o colchão
Onde abandonam amassados os últimos esforços
Da tarde murcha de domingo
Que abre a escura porta do silêncio
Como uma mão macia e taciturna
Quando os dedos verdes do inverno
Tiverem ido se fechando cansados
Sujos, desgastados, turvos, empoeirados
Até encher de frio as lixeiras
Onde agoniza o coração
Do tempo