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Falando com a Solidão

José Larralde

De Habrarle A La Soledad

Tirando a negra la boca
de tanto pitar del fuerte,
y un pálido de tristeza,
la piel por detrás de un siete,
al fin de la carretilla,
la patilla como un tajo,
remembrando su calibre,
de taura venido abajo,
siempre solo se lo vió,
sin postura y aspaviento,
y en toda la cancha copó,
lo que otro perdió por lento.

Cuando el tinto le llegaba,
solía ponerse a cantar,
cosas que venían de adentro
y que obligaban a escuchar.
Alguna vez me contaba
que allá en el "42",
supo andar entreverao
y empriestándose de amor,
supo tener un cariño,
como naides lo cuidó,
pero ahí terminaba el cuento,
nunca me lo completó.
Otras veces con recelo,
se arrimaba al mostrador,
y entre las mangas del saco,
pedía un vino, por favor.
Todo el pago conocía
sus mentas de tomador,
y en medio e la gritería,
el jamás alzó la voz.
Solían decirle de apodo,
el triste o el cabezón,
uno le nació de solo,
el otro por la razón.

Yo conocí sus guaridas,
en medio de un pajonal.
Rancho bajito de adobe,
y blanco pintao de cal.
Tomador de mate amargo,
y gaucho como el que más.
Corazón envejecido,
de hablarle a la soledad.
Solían decirle de apodo,
el triste o el cabezón,
uno le nació de solo,
el otro por la razón.
Lo demás murió en la historia,
pa bien o mal, qué se yo.

Falando com a Solidão

Tirando a negra da boca
De tanto fumar do forte,
E um pálido de tristeza,
A pele por trás de um sete,
No fim da carretinha,
A patilha como um corte,
Lembrando seu calibre,
De touro que caiu,
Sempre sozinho se viu,
Sem postura e sem alarde,
E em toda a quadra dominou,
O que outro perdeu por lentidão.

Quando o tinto chegava,
Costumava começar a cantar,
Coisas que vinham de dentro
E que obrigavam a escutar.
Alguma vez me contava
Que lá em quarenta e dois,
Soube andar misturado
E se entregando ao amor,
Soube ter um carinho,
Como ninguém o cuidou,
Mas aí terminava a história,
Nunca me completou.
Outras vezes com desconfiança,
Se aproximava do balcão,
E entre as mangas do paletó,
Pedia um vinho, por favor.
Todo o povo conhecia
Suas manias de beber,
E no meio da gritaria,
Ele nunca levantou a voz.
Costumavam chamá-lo de apelido,
O triste ou o cabeçudo,
Um nasceu só por ser,
O outro por razão.

Eu conheci suas tocas,
No meio de um capinzal.
Rancho baixinho de adobe,
E branco pintado de cal.
Bebedor de mate amargo,
E gaúcho como poucos.
Coração envelhecido,
De falar com a solidão.
Costumavam chamá-lo de apelido,
O triste ou o cabeçudo,
Um nasceu só por ser,
O outro por razão.
O resto morreu na história,
Pra bem ou mal, sei lá.

Composição: