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Arauco

Patricio Manns

La Araucana

Arauco, furia delgada,
copa de pólvora y sangre,
ciudadela envenenada
desgarrando su ropaje,
fiel madera maltratada por la ráfaga y el beso
y las furias enterradas de tus muertos.

Arauco, claro y solemne
bastión extremo de América,
libro de sólido polvo,
áspera flor salitrera,
turbio vaso de cenizas
que bebemos en vigilia
para hacer de tus caídos
otra espiga,
fundamental,
amorosa
y plena.

Vino el tiempo oscuro de las nevadas,
vino el hierro, la cruz gamada,
vino el fuego quemando a gritos,
vino el mito con su emboscada,
la emboscada con su presente,
el presente con su hondonada,
la hondonada de toda raza,
el recuerdo que ardiente enlaza,
mas la soga que cae al cuello
y ese instante que era tan bello
y lo bello que fue lo fuerte
y lo fuerte que era lo mío
y lo mío que es tan de todos
y esta noche me ablanda el modo
de los pueblos y de su historia,
que les triza la esquiva gloria,
que les mata la luz en sueños,
que les clava en mitad de empeño,
que les priva de la memoria, ay.

Tanto dolor goteando de tus piedras.
Tanto furor huraño desarmado.
Tanto rufián quebrándote los huesos.

Tanta paciencia frente a tanta muerte,
tanto maldito arándote la espalda.
Madurarán llamándonos,
madurarán nombrándonos a diario,
hinchándose
como un velamen en que sopla el pueblo
su alada intuición,
su claridad
fundamental,
amorosa y plena.

Llega volteando el viento de los sauzales,
la palabra agrieta los males,
se anda un libro claro y sencillo,
los amores arden caudales,
el arado escribe su surco,
vuela el urco puntuando el tiempo,
y es acaso una primavera
la que encauza el reloj viviente,
la que encrespa la tierra entera,
la que estorba al indiferente,
la que poda entre los raudales,
poco a poco el dolor macizo.
Ha tardado el fin de la noche,
se ha pegado en ella el hechizo,
pero habiendo signos precisos
en anillos de árbol con tierra,
y existiendo pruebas tenaces,
ya sabemos que habrá una guerra
el tiempo antes de urgir las paces, ay.

Nos brotarás,
nos brotarás,
nos brotarás, Arauco,
como una rama roja,
dura,
huraña
y llena de sangre y de rencor
golpeando hondo.

Levántate,
levántate,
levántate, Arauco,
con vieja mano donde mora heroica
la alta pupila del fusil
mirando
lejos.

Arauco

Arauco, fúria delgada,
copa de pólvora e sangue,
ciudadela envenenada
rasgando seu vestuário,
madeira fiel maltratada pela rajada e o beijo
e as fúrias enterradas dos teus mortos.

Arauco, claro e solene
bastião extremo da América,
livro de pó sólido,
áspera flor de salitre,
vaso turvo de cinzas
que bebemos em vigília
para fazer dos teus caídos
outra espiga,
fundamental,
amorosa
e plena.

Veio o tempo escuro das nevascas,
veio o ferro, a cruz gamada,
veio o fogo queimando aos gritos,
veio o mito com sua emboscada,
a emboscada com seu presente,
o presente com sua hondonada,
a hondonada de toda raça,
o lembrete que ardente entrelaça,
mas a corda que cai no pescoço
e aquele instante que era tão belo
e o belo que foi o forte
e o forte que era meu
e o meu que é tão de todos
e esta noite me amolece o modo
dos povos e de sua história,
que lhes despedaça a esquiva glória,
que lhes mata a luz em sonhos,
que lhes crava no meio do empenho,
que lhes priva da memória, ai.

Tanto dor gotejando de suas pedras.
Tanto furor huraño desarmado.
Tanto rufián quebrando teus ossos.

Tanta paciência frente a tanta morte,
tanto maldito arando suas costas.
Maturarão chamando-nos,
maturarão nomeando-nos diariamente,
inchando-se
como uma vela em que sopra o povo
sua intuição alada,
sua clareza
fundamental,
amorosa e plena.

Chega virando o vento dos salgueiros,
a palavra fende os males,
anda um livro claro e simples,
os amores ardem em caudais,
o arado escreve seu sulco,
vai o urco pontuando o tempo,
e é acaso uma primavera
a que canaliza o relógio vivente,
a que encrespa a terra inteira,
a que atrapalha o indiferente,
a que poda entre os raudais,
pouco a pouco a dor maciça.
Demorou o fim da noite,
se pegou nela o feitiço,
mas havendo sinais precisos
em anéis de árvore com terra,
e existindo provas tenazes,
já sabemos que haverá uma guerra
o tempo antes de urgir as pazes, ai.

Nos brotarás,
nos brotarás,
nos brotarás, Arauco,
como um galho vermelho,
duro,
huraño
e cheio de sangue e de rancor
golpeando fundo.

Levanta-te,
levanta-te,
levanta-te, Arauco,
com velha mão onde mora heroica
a alta pupila do fuzil
olhando
longe.

Composição: Patricio Manns