395px

Bazar da Mistura

Ángel Villoldo

Bazar de La Mescolanza

Transitaba la otra noche
por una calle central
de esta hermosa Capital,
cuando llamó mi atención
un grotesco cartelón
que colgado de una lanza,
un muñeco con gran panza,
muy orondo, sostenía,
y en letras gordas decía:
"Bazar de la mescolanza".

Pecando yo de curioso
frente al bazar me piré,
y un buen rato me quedé
observando lo que había.
La gente entraba y salía
en colosal entrevero,
ni "don Juan, el del aujero"
le podría competir;
era aquello, sin mentir;
inagotable hormiguero.

Allí se hallaban mezlados
con la copetuda dama
la nodriza, la mucama
y el compadre callejero;
señoritas de sombrero
junto al mozo de cordel,
hasta el gallego Samuel,
el tipo cambalachero,
se hallaba en el entrevero;
en fin: era una Babel.

Había preciosas telas
de gró, de seda y fular;
tijeras para esquilar,
lámparas calentadores,
cintas de todos colores,
alpargatas uruguayas,
queso gruyere, pantallas,
calzoncillos, bicicletas,
carbón de coco, galletas,
papas, relojes y mallas.

De música y cirugía
infinidad de instrumentos:
parches porosos, ungüentos
y otras muchas medicinas;
orejones y sardinas,
betún, pimientos morrones,
brillantes y camarones,
patas de chancho, zapallos,
pomada para los callos,
pamelas y levitones.

La gente daba mil vueltas
estorbándose el camino,
y en revuelto torbellino
el negocio se encontraba.
El público respiraba
una atmósfera cargante;
yo permanecí un instante
tan sólo por curiosear,
pero tuve que escapar
"como rata por tirante".

Bazar da Mistura

Na outra noite eu passava
por uma rua central
nesta bela Capital,
quando algo me chamou a atenção
um cartaz grotesco
pendurado numa lança,
um boneco com uma grande barriga,
muito cheio, segurava,
e em letras grandes dizia:
"Bazar da mistura".

Pecando por curiosidade
na frente do bazar eu fiquei,
e um bom tempo eu permaneci
observando o que tinha.
A galera entrava e saía
num colossal entrevero,
nem "dona Juana, a do buraco"
conseguiria competir;
era aquilo, sem mentir;
uma formigueiro sem fim.

Lá estavam misturados
com a dama empinada
a ama de leite, a empregada
e o compadre da rua;
moças de chapéu
junto ao rapaz de cordão,
fins o galego Samuel,
o cara cambalacheiro,
estava no meio da confusão;
no fim: era uma Babel.

Havia tecidos preciosos
de gró, seda e fular;
tesouras para tosquiar,
lâmpadas aquecedoras,
cintas de todas as cores,
alpargatas uruguaias,
queijo gruyère, telas,
calcinhas, bicicletas,
carvão de coco, biscoitos,
fritas, relógios e redes.

De música e cirurgia
infinidade de instrumentos:
curativos porosos, ungüentos
e muitas outras medicinas;
orelhões e sardinhas,
betume, pimentões,
brilhantes e camarões,
patas de porco, abóboras,
pomada para calos,
hats e levitons.

A galera dava mil voltas
atrapalhando o caminho,
e em um redemoinho
o negócio se encontrava.
O público respirava
uma atmosfera pesada;
eu permaneci um instante
só para dar uma olhada,
mas tive que escapar
"como rato por buraco".

Composição: Angel Villoldo