395px

O Salitrão

Atahualpa Yupanqui

El Salitral

La cordillera se queda sin vientos
Cuando la tierra comienza a empobrecer su savia
Y a enriquecer sus brillazones
Y nacen las salinas

Hacia ella marchan los hombres del Ande
Arriando sus burricos caminadores
Marchan hacia el Salar de Atacama
Hacia Campo Paciencia, hacia Tola Pampa
Hacia Tolar Grande, hacia Tolar Chico
Nombres que el indio le pone
Como jalones para su fatiga
Para su descanso, para su gran paciencia

El color del silencio es de un hondo tono pardo
En el que flotan vibraciones de una campana agitada
Por un infinito anhelo
Cosas del vivir solitario, alto y olvidado
Forman el tono y el color de esos silencios indios
Que a veces se transforman en una canción
O se convierten con dramática alegría
En un enloquecido gritar la baguala
Que dispara hacia arriba
Como buscando ahorcarse en el lazo inacabable del camino

Cuando la luz se pone dulce
Una gran sombra se extiende sobre el salitral
El Sol se va cayendo por detrás de los cerros
La brillazón se atenúa y el frío comienza a morder la punta de los ponchos
Ahí es donde empieza a nacer la esperanza
Cuando se toca tierra firme y se está cerca de la vertiente de agua dulce
Ahí comienza a renacer la esperanza
Ahí comienza a brotar la raíz del canto

(¿Por qué planté la semilla)
(Tan cerca del salitral?)
(Si allí no crece una mata)
(Que no tenga gusto a sal)

Ni una flor en el camino
Es cosa para pensar
Cuánta lágrima ha caído
(Pa' que esto se vuelva sal)

Pobre mi campo tan seco
Mis manos quietas están
(El día que siembre adioses)
(Ni un adiós germinará)

Las aves pasan de largo
Hacia los montes se van
Solo queda un gran silencio
Tendido en el arenal

(¿Por qué planté la semilla)
(Tan cerca del salitral?)
(Si el día que siembre adioses)
(Ni un adiós germinará)

O Salitrão

A cordilheira fica sem ventos
Quando a terra começa a empobrecer sua seiva
E a enriquecer seus brilhos
E nascem as salinas

Para lá marcham os homens do Ande
Levando seus burricos caminhantes
Marcham rumo ao Salar de Atacama
Para Campo Paciencia, para Tola Pampa
Para Tolar Grande, para Tolar Chico
Nomes que o índio dá
Como marcos para sua fadiga
Para seu descanso, para sua grande paciência

A cor do silêncio é de um profundo tom pardo
No qual flutuam vibrações de uma campana agitada
Por um anseio infinito
Coisas da vida solitária, alta e esquecida
Formam o tom e a cor desses silêncios indígenas
Que às vezes se transformam em uma canção
Ou se tornam com dramática alegria
Um grito enlouquecido da baguala
Que dispara para cima
Como se quisesse se enforcar no laço interminável do caminho

Quando a luz fica doce
Uma grande sombra se estende sobre o salitrão
O Sol vai se pondo atrás dos morros
O brilho se atenua e o frio começa a morder a ponta dos ponchos
É aí que a esperança começa a nascer
Quando se toca terra firme e se está perto da fonte de água doce
É aí que a esperança começa a renascer
É aí que a raiz do canto começa a brotar

(Por que plantei a semente)
(Tão perto do salitrão?)
(Se lá não cresce uma planta)
(Que não tenha gosto de sal)

Nem uma flor no caminho
É coisa para pensar
Quanta lágrima caiu
(Para que isso se torne sal)

Pobre meu campo tão seco
Minhas mãos estão paradas
(No dia que eu plante despedidas)
(Nem um adeus vai germinar)

As aves passam de largo
Para os montes vão
Só resta um grande silêncio
Estendido na areia

(Por que plantei a semente)
(Tão perto do salitrão?)
(Se no dia que eu plante despedidas)
(Nem um adeus vai germinar)

Composição: Atahualpa Yupanqui