395px

Rua da Melancolia

Carmen Paris

Calle Melancolía

Como quien viaja a lomos de una yegua sombría,
por la ciudad camino, no preguntéis adónde.
Busco acaso un encuentro que me ilumine el día,
y no hallo más que puertas que niegan lo que esconden.
Las chimeneas vierten su vómito de humo
a un cielo cada vez más lejano y más alto.
Por las paredes ocres se desparrama el zumo
de una fruta de sangre crecida en el asfalto.
Ya el campo estará verde, debe ser primavera,
cruza por mi mirada un tren interminable,
el barrio donde habito no es ninguna pradera,
desolado paisaje de antenas y de cables.
Vivo en el número siete, calle Melancolía.
Quiero mudarme hace años al barrio de la alegría.
Pero siempre que lo intento ha salido ya el tranvía
y en la escalera me siento a silbar mi melodía.
Como quien viaja a bordo de un barco enloquecido,
que viene de la noche y va a ninguna parte,
así mis pies descienden la cuesta del olvido,
fatigados de tanto andar sin encontrarte.
Luego, de vuelta a casa, enciendo un cigarrillo,
ordeno mis papeles, resuelvo un crucigrama;
me enfado con las sombras que pueblan los pasillos
y me abrazo a la ausencia que dejas en mi cama.
Trepo por tu recuerdo como una enredadera
que no encuentra ventanas donde agarrarse,
soy esa absurda epidemia que sufren las aceras,
si quieres encontrarme, ya sabes dónde estoy.
Vivo en el número siete, calle Melancolía.
Quiero mudarme hace años al barrio de la alegría.
Pero siempre que lo intento ha salido ya el tranvía
y en la escalera me siento a silbar mi melodía

Rua da Melancolia

Como quem viaja nas costas de uma égua sombria,
por essa cidade ando, não perguntem aonde.
Busco talvez um encontro que ilumine meu dia,
e não encontro mais que portas que negam o que escondem.
As chaminés despejam seu vômito de fumaça
a um céu cada vez mais distante e mais alto.
Pelas paredes ocres se espalha o suco
de uma fruta de sangue que cresceu no asfalto.
Já o campo deve estar verde, deve ser primavera,
cruza pelo meu olhar um trem interminável,
o bairro onde moro não é nenhuma pradaria,
paisagem desolada de antenas e de cabos.
Vivo no número sete, rua da melancolia.
Quero me mudar há anos pro bairro da alegria.
Mas sempre que tento, o bonde já saiu
e na escada me sento a assobiar minha melodia.
Como quem viaja a bordo de um barco enlouquecido,
que vem da noite e vai a lugar nenhum,
assim meus pés descem a ladeira do esquecimento,
fadigados de tanto andar sem te encontrar.
Depois, de volta pra casa, acendo um cigarro,
organizo meus papéis, resolvo um crucigrama;
me irrito com as sombras que povoam os corredores
e me abraço à ausência que deixas na minha cama.
Subo pelo teu lembrança como uma trepadeira
que não encontra janelas onde se agarrar,
sou essa epidemia absurda que as calçadas sofrem,
se quiser me encontrar, já sabe onde estou.
Vivo no número sete, rua da melancolia.
Quero me mudar há anos pro bairro da alegria.
Mas sempre que tento, o bonde já saiu
e na escada me sento a assobiar minha melodia.