Gorriones
La noche, compadre, se ha ido a baraja
y pinta la guía del sol en el cielo.
La luna, es la bruja fulera que raja
y el sol, una rubia que se suelta el pelo.
El sol es la diana que trae la alegría,
la suave alegría de la vida nueva,
la pilcha caliente que se pone el día
cuando sale triste de su obscura cueva.
El sol es el poncho del pobre que pasa
mascando rebelde blasfemias y ruegos
pues tiene una horrible tragedia en su casa
tragedia de días sin pan y sin fuego.
Nosotros gorriones del hampa gozamos
su amistad sincera en días de farra.
¡Qué importa la guita si adentro llevamos
el alma armoniosa de veinte guitarras!
Nosotros cantamos con nuestra miseria
el himno a los libres del verso sonoro
sin tenerle envidia al canto de histeria
del pobre canario de la jaula de oro.
Nos queman las alas las luces del centro
por eso el suburbio tranquilos buscamos
y cuando una pena nos tala por dentro
cantamos más tristes pero igual cantamos.
La vida fulera, tan mistonga y maula
nos talló rebeldes como los gorriones
que mueren de rabia dentro de la jaula
y llenan las plazas de alegres canciones.
Marchamos sin orden, sin rumbo marchamos
sin que el desaliento nos clave sus garras
¡Qué importa el camino, si adentro llevamos
el alma armoniosa de veinte guitarras!
Pardais
A noite, compadre, se foi pro baralho
E pinta a guia do sol no céu.
A lua, é a bruxa safada que corta
E o sol, uma loira que solta o cabelo.
O sol é o alvo que traz a alegria,
A suave alegria de uma vida nova,
A roupa quente que o dia se veste
Quando sai triste da sua caverna escura.
O sol é o poncho do pobre que passa
Mastigando rebeldes blasfêmias e súplicas
Pois tem uma horrível tragédia em casa
Tragédia de dias sem pão e sem fogo.
Nós, pardais do submundo, nos divertimos
Com sua amizade sincera em dias de farra.
Que importa a grana se dentro levamos
A alma harmoniosa de vinte guitarras!
Nós cantamos com nossa miséria
O hino aos livres do verso sonoro
Sem ter inveja do canto de histeria
Do pobre canário da jaula de ouro.
As luzes do centro queimam nossas asas
Por isso buscamos tranquilos o subúrbio
E quando uma dor nos corta por dentro
Cantamos mais tristes, mas ainda cantamos.
A vida safada, tão misturada e malandra
Nos moldou rebeldes como os pardais
Que morrem de raiva dentro da jaula
E enchem as praças de alegres canções.
Marchamos sem ordem, sem rumo marchamos
Sem que o desânimo nos crave suas garras
Que importa o caminho, se dentro levamos
A alma harmoniosa de vinte guitarras!