395px

Sétimo Filho

Chala Rasta

Septimo Hijo

Todo estaba igual que ayer.
Soñé y todo estaba como antes.
La gente estaba, la casa estaba,
todo estaba como antes.

El ojo del huracán no veía,
se ve que no sabía que el fuego purifica.
El séptimo hijo que está llegando,
lobo hambriento de alegría.
Se acerca el día de luna llena,
soy el primer testigo del aire enrarecido.
La tierra que arde, los mares se abren,
y el sol se cae como si fuera de mármol.

El frío se convierte en otro frío,
si viene del olvido no se calma con abrigo.
El séptimo hijo está despertando,
lobo hambriento de alegría.

Reconocí el viejo camino, encontré perdido
el hijo que yo había sido queriendo regresar.
Recorrí mi vida en un instante,
vi caer el horizonte en un vendaval.

Soy el que no tiene voz,
soy el que no tiene Dios,
soy el que no tiene miedo a la propia muerte.
Soy el que no puede más,
soy el que no tiene más,
sólo un puñado de gente con la misma suerte.

Y la música brotó a pesar de todo,
como un jardín crecía en el medio de las ruinas.
Su flor irradiaba la leve esperanza
de saber que en vano nada suele pasar.

La sangre que hace rato llegó al río,
un río que sabía encauzarse en energía.
La de hermano y amigo, de la mano caliente,
la del coro entonado por toda mi gente.

Reconocí el viejo camino, encontré perdido
el hijo que yo había sido queriendo regresar.
Recorrí mi vida en un instante,
ví caer el horizonte en un vendaval.

Una foto y un color,
un aroma y un sabor,
no puedo creer que falte tanta gente cierta.

Porque sin ellos no soy yo,
porque con ellos me fui yo,
y sigo deambulando inerte detrás de la muerte.
Detrás de la muerte.

Sétimo Filho

Tudo estava igual que ontem.
Sonhei e tudo estava como antes.
As pessoas estavam, a casa estava,
tudo estava como antes.

O olho do furacão não via,
parece que não sabia que o fogo purifica.
O sétimo filho que está chegando,
lobo faminto de alegria.
Se aproxima o dia da lua cheia,
sou o primeiro testemunha do ar rarefeito.
A terra que arde, os mares se abrem,
e o sol cai como se fosse de mármore.

O frio se torna outro frio,
se vem do esquecimento não se acalma com abrigo.
O sétimo filho está despertando,
lobo faminto de alegria.

Reconheci o velho caminho, encontrei perdido
o filho que eu tinha sido querendo voltar.
Revivi minha vida em um instante,
vi o horizonte cair em um vendaval.

Sou aquele que não tem voz,
sou aquele que não tem Deus,
sou aquele que não tem medo da própria morte.
Sou aquele que não aguenta mais,
sou aquele que não tem mais,
só um punhado de gente com a mesma sorte.

E a música brotou apesar de tudo,
como um jardim crescia no meio das ruínas.
Sua flor irradiava a leve esperança
de saber que em vão nada costuma passar.

O sangue que há tempos chegou ao rio,
um rio que sabia se canalizar em energia.
A do irmão e amigo, da mão quente,
a do coro entoado por toda a minha gente.

Reconheci o velho caminho, encontrei perdido
o filho que eu tinha sido querendo voltar.
Revivi minha vida em um instante,
vi o horizonte cair em um vendaval.

Uma foto e uma cor,
um aroma e um sabor,
não posso acreditar que falte tanta gente certa.

Porque sem eles não sou eu,
porque com eles eu fui eu,
e sigo vagando inerte atrás da morte.
Atrás da morte.