La Rosada
En el centro de la City, donde timbean la guita
El Cabildo te saluda y también la Catedral
Mientras vos enamorada, del poder que se marchita
Cobijas la frágil fama del sillón presidencial
A pesar de los fracasos de todos tus locatarios
A pesar de las facturas que quedaron sin pagar
Que político no sueña con llegar a mandatario
O vivir bajo tu sombra, monumento nacional
Pobrecita, la rosada, vos la culpa no tenés
De las cosas que nos pasan, de que todo esté al revés
Cuántos nobles juramentos atronaron tu salón
Pero fueron puro cuento, lo que el viento se llevó
En el medio de la escena, se acentúa tu rubor
Por sentir vergüenza ajena, al oír tanto clamor
Para colmo de la broma y siguiendo la lección
En bandadas las palomas, te salpican el balcón
Si Colón desde su mármol, te da la espalda cabrero
Y la plaza patalea, por las cosas que andan mal
Con rosada indiferencia le mostrás al mundo entero
Que te sobra con la pinta pa' aguantar el vendaval
Sin embargo cada día, asomada desde el este
Arrullada por el río, balconeando la ciudad
Te engrupís con la esperanza de que acabe al fin, la peste
Y nos traiga un aire fresco, algo de felicidad
A Rosada
No centro da City, onde a grana rola
O Cabildo te cumprimenta e também a Catedral
Enquanto você, apaixonada, pelo poder que se esvai
Acomoda a frágil fama do trono presidencial
Apesar dos fracassos de todos os seus inquilinos
Apesar das contas que ficaram sem pagar
Que político não sonha em ser o mandatário
Ou viver sob sua sombra, monumento nacional
Coitadinha, a rosada, você não tem culpa
Das coisas que nos acontecem, de tudo estar de ponta-cabeça
Quantos nobres juramentos ecoaram no seu salão
Mas foram só conversa, o que o vento levou
No meio da cena, seu rubor se acentua
Por sentir vergonha alheia, ao ouvir tanto clamor
Para piorar a piada e seguindo a lição
As pombas em bandos, te sujam o balcão
Se Colón, de seu mármore, te dá as costas, cabreiro
E a praça se revolta, pelas coisas que vão mal
Com rosada indiferença, você mostra ao mundo inteiro
Que você tem a aparência pra aguentar o vendaval
No entanto, a cada dia, de olho no leste
Aconchegada pelo rio, observando a cidade
Você se engana com a esperança de que acabe, enfim, a peste
E nos traga um ar fresco, algo de felicidade