395px

A Fuga

Ismael Serrano

La Huida

Ella tiene quince primaveras, pocas mentiras que contar,
dos pendientes de primero y aún no ha visto el mar.
Mientras lo espera sobre la acera, se derrumba el mundo.

Él tiene dieciseis agostos y una nube que robó,
y versos de Extremoduro volando en la habitación.
Mientras la sueña copia un poema que luego hará suyo.

Y como cada tarde, la ciudad se detiene en el instante
en el que él la pasa a recoger.
"¿Qué tal en clase?". "Llegaste tarde". "No me riñas, ven".

Y ella aprieta contra el pecho la carpeta, y en el cielo
anémonas de humo, antenas de coral.
"Si quieres, mi vida, te rapto yo un día y te llevo a ver el mar".

Una tarde como otra cualquiera él la pasará a buscar
con el alma en un pañuelo, con el coche de papá.
"Sube al barco, niña. Ésta es la huida que te prometí".

Ojalá que tengan suerte, tal y como lo soñamos,
y al paraíso les lleva a la Nacional 4.
"Amor, ¿por qué lloras? ¿Qué es lo que te pasa?" "Será que soy feliz".

Y nada más pasar Despeñaperros se les echa encima el sueño
y las ganas de compartir sudores.
"Paro y nos dormimos". Fuera queda el frio con la oscura noche.

Al rato, el coche queda lleno de vahos y de vuelos,
en playas infinitas, carretera sin fin.
Arenas desiertas, mil atardeceres que acaban en ti.

No será la luz del alba lo que los despertará,
ni una gran ola rugiendo, no será el olor a sal:
una pareja de picoletos pegándoles voces.

Como el cristal de los sueños, de camino al cuartelillo.
Se han quebrado un par de vidas entre broncas y gritos.
¿A quién se le ocurre? Se deshace una nube y una ola se rompe.

Y ya de vuelta a la ciudad, donde nunca sabe a sal,
la piel y la lluvia, que a veces te besa,
se van para casa, escuchan aullidos, golpes que no cesan.

Los viejos les prohibieron la salida, el tiempo fue arando sus vidas,
quemando poemas, carretera sin fin.
De vuelta hacia casa mil atardeceres que acaban sin ti.

La ciudad se siguió derrumbando, en la acera mientras tanto
anémonas de humo, antenas de coral.
Él se pierde en la bruma, ella sólo recuerda cuando mira el mar.

Le asalta la duda de estar viva y recuerda alguna huida
cuando aún no sabía mentir.
"Amor, ¿por qué lloras? ¿Qué es lo que te pasa?" "Será que soy feliz".

A Fuga

Ela tem quinze primaveras, poucas mentiras pra contar,
com dois brincos de primeira e ainda não viu o mar.
Enquanto espera na calçada, o mundo desmorona.

Ele tem dezesseis verões e uma nuvem que roubou,
e versos do Extremoduro voando no quarto.
Enquanto a sonha, copia um poema que depois fará seu.

E como toda tarde, a cidade para no instante
em que ele a busca pra levar.
"E aí, como foi na aula?" "Chegou atrasado". "Não me enche, vem".

E ela aperta contra o peito a pasta, e no céu
anêmonas de fumaça, antenas de coral.
"Se você quiser, meu amor, eu te rapto um dia e te levo pra ver o mar".

Uma tarde como outra qualquer, ele vai buscá-la
com a alma num lenço, no carro do pai.
"Sobe no barco, menina. Essa é a fuga que te prometi".

Tomara que tenham sorte, como sonhamos,
e que o paraíso os leve pela Nacional 4.
"Amor, por que você chora? O que tá pegando?" "Acho que sou feliz".

E logo após passar Despeñaperros, o sono os atinge
e a vontade de compartilhar suores.
"Vou parar e a gente dorme". Fica pra trás o frio da noite escura.

Depois de um tempo, o carro fica cheio de vapores e voos,
em praias infinitas, estrada sem fim.
Areias desertas, mil pores do sol que acabam em você.

Não será a luz da aurora que os despertará,
nem uma grande onda rugindo, não será o cheiro de sal:
um casal de policiais gritando com eles.

Como o vidro dos sonhos, a caminho da delegacia.
Se quebraram algumas vidas entre brigas e gritos.
Quem se atreve? Uma nuvem se desfaz e uma onda se rompe.

E já de volta à cidade, onde nunca sabe a gosto de sal,
a pele e a chuva, que às vezes te beija,
vão pra casa, escutam uivos, pancadas que não cessam.

Os velhos proibiram a saída, o tempo foi arando suas vidas,
queimando poemas, estrada sem fim.
De volta pra casa, mil pores do sol que acabam sem você.

A cidade continuou desmoronando, na calçada enquanto isso
anêmonas de fumaça, antenas de coral.
Ele se perde na neblina, ela só lembra quando olha o mar.

A dúvida de estar viva a ataca e lembra de alguma fuga
quando ainda não sabia mentir.
"Amor, por que você chora? O que tá pegando?" "Acho que sou feliz".

Composição: Ismael Serrano