395px

O Palhaço

Marcos Vidal

El Payaso

Era capaz de hacer a un niño reír sin parar,
tenía ocurrencias tan geniales, solo él era capaz.
La cara pintada de colores y en la mano un violín,
que sonaba más o menos pero hacía reír.
Y el caso es que en el fondo era un infeliz,
le parecía ridículo pintarse la nariz,
lucía mucho más un salto mortal
y él quería ser equilibrista
y oír sobre la pista ovaciones
en vez de tanto reír.

Nunca supo asumir su posición, sin darse cuenta
que hacía feliz a tantos en su papel de cenicienta.
Que si un día faltase en el circo llegaría a su fin
que nunca sería el mismo sin su violín.
Pero él seguía empeñado en ser infeliz,
se veía tan ridículo pintada la nariz,
soñaba todavía con el trapecio,
pretendía ser equilibrista
y oír sobre la pista ovaciones
en vez de tanto reír.

Fue una mañana blanca, invernal, tras el ensayo,
no pudo resistirlo mas, se subió en el travesaño,
y al verse en la altura
sintió subirle el vértigo hasta la nuez,
y no habían puesto mallas la ultima vez...
apenas sintió nada cuando cayó,
el domador, que regresaba, fue el primero que le vió.
Logro salvar la vida y un mes más tarde le dijeron:
"Todo ha terminado, el circo ha cerrado,
ya no venían niños a la función."

Hoy vive retirado en algún lugar, en las afueras,
pegado día y noche a su silla de ruedas,
parece que ha terminado aceptándose por fin,
que incluso algunas veces toca el violín.
Diez niños le visitan y le hacen feliz,
cuando les ve llegar a lo lejos, se pinta la nariz.
Y cuando alguno se burla con desprecio, él contesta:
"Sería un miserable, sería yo el culpable,
si no cumpliese la misión que recibí.
Porque aunque fui un fracaso,
soy de profesión payaso,
no me juzgues mal, Dios me hizo así".

O Palhaço

Era capaz de fazer uma criança rir sem parar,
tenha ideias tão geniais, só ele conseguia.
A cara pintada de cores e na mão um violino,
que soava mais ou menos, mas fazia rir.
E o caso é que no fundo era um infeliz,
achava ridículo pintar o nariz,
ficava muito melhor um salto mortal
e ele queria ser equilibrista
e ouvir na pista as palmas
o invés de tanto rir.

Nunca soube assumir sua posição, sem perceber
que fazia feliz tanta gente no seu papel de Cinderela.
Que se um dia faltasse no circo, tudo ia acabar
que nunca seria o mesmo sem seu violino.
Mas ele continuava insistindo em ser infeliz,
se via tão ridículo com o nariz pintado,
sonhava ainda com o trapézio,
queria ser equilibrista
e ouvir na pista as palmas
o invés de tanto rir.

Foi uma manhã branca, invernal, após o ensaio,
não conseguiu resistir mais, subiu no travessão,
e ao se ver na altura
sentiu o vertigem subir até a garganta,
e não tinham colocado redes da última vez...
apenas sentiu algo quando caiu,
o domador, que voltava, foi o primeiro a vê-lo.
Conseguiu salvar a vida e um mês depois disseram:
"Tudo acabou, o circo fechou,
já não vinham crianças para a apresentação."

Hoje vive aposentado em algum lugar, nos arredores,
colado dia e noite na sua cadeira de rodas,
parece que finalmente aceitou a si mesmo,
que até algumas vezes toca o violino.
Dez crianças o visitam e o fazem feliz,
quando as vê chegando de longe, pinta o nariz.
E quando alguém ri dele com desprezo, ele responde:
"Seria um miserável, eu seria o culpado,
se não cumprisse a missão que recebi.
Porque embora tenha sido um fracasso,
sou de profissão palhaço,
não me julgue mal, Deus me fez assim."

Composição: Marcos Vidal