395px

Falando da Marlén

Nacho Vegas

Hablando de Marlén

Hablando de Marlén, nadie recuerda bien el día en que perdió la voz,
o si es que fue ella quien dejó de hablar.
Se la solía ver con un trozo de pizarra gris
colgándole del cinturón,
a veces había algo que decir.

La hicieron nacer entre bruma y carbón
en algún lugar de la cuenca minera,
pero ya de muy pequeña alguien la trajo a Norteña,
y aquí vivió hasta el final ...
aquí vivió hasta el final ...

Marlén dio en trabajar por las noches en un club,
el Huracán 72, por dos duros y habitación.
Algunos por allí la conocieron bien,
decían "Ven, mudina, hazme feliz.
Ven y, ya que no hablas, chupa aquí".

Creo que la vi una tarde en pleno invierno,
recostada en la playa de San Lorenzo,
dibujando con dos dedos en la arena y frente al viento
algo que la mar borró ...
algo que la mar borró ...

La recuerdo al pasar, sangre seca en su nariz,
y cómo nos reíamos y nos reíamos.
Un día sin más la dejamos de ver,
y creo que nadie preguntó.
Y cómo nos reíamos.

Transcurrió un mes sin que nadie la extrañara,
y alguien la encontró en su habitación ahorcada,
y había escrito en la pizarra estas últimas palabras:
"Adiós, Norteña, olvídame" ...
"Adiós, Norteña, olvídame" ...

Falando da Marlén

Falando da Marlén, ninguém se lembra bem do dia em que perdeu a voz,
o se foi ela quem parou de falar.
Era comum vê-la com um pedaço de lousa cinza
despendurado no cinto,
várias vezes tinha algo a dizer.

Fizeram-na nascer entre névoa e carvão
em algum lugar da bacia mineradora,
mas desde muito pequena alguém a trouxe pra Norteña,
e aqui viveu até o fim ...
aqui viveu até o fim ...

Marlén começou a trabalhar à noite em um clube,
o Furacão 72, por dois trocados e um quarto.
Alguns por lá a conheciam bem,
diziam "Vem, mudina, me faz feliz.
Vem e, já que não fala, chupa aqui".

Acho que a vi uma tarde no meio do inverno,
encostada na praia de San Lorenzo,
desenhando com dois dedos na areia e contra o vento
algo que o mar apagou ...
algo que o mar apagou ...

Lembro dela ao passar, sangue seco no nariz,
e como a gente ria e ria.
Um dia, sem mais nem menos, a gente parou de vê-la,
e acho que ninguém perguntou.
E como a gente ria.

Passou um mês sem que ninguém sentisse falta,
e alguém a encontrou em seu quarto enforcada,
e tinha escrito na lousa essas últimas palavras:
"Adeus, Norteña, esqueça de mim" ...
"Adeus, Norteña, esqueça de mim" ...