395px

O Canto do Galo

Radio Futura

El canto del gallo

El jaleo de los días de feria
ya se oía a un kilometro del pueblo
y un extraño acento en el hablar
de los que halló por el camino.

Un coro de muchachas y una vieja
levantándose las faldas al bailar
y un jovencito de broma peligrosa
haciendo gala del orgullo local.

De los que dan dinero por la noche
para que nunca termine su canción
para que sude el músico ambulante
su condición de vagabundo.

Es ya la hora del aperitivo
y todavía no funciona el tiovivo
el músico buscó la acera en sombra
y la ventana donde olía a flor.

Tenga esta rosa blanca, señorita
a cambio de su negro pensamiento
por qué motivo temblaron sus labios
vio en sus ojos el fondo de un volcán.

Y mientras tanto corría la sangre
en la plaza, como un vino común
y las plumas de los gallos
por el aire volaban aun.

Quítese usted de en medio forastero
que ya no quedan señoritas en el bar
ya cantó como el gallo de pasión
pero esta es mi canción
y el baile va a empezar.

El músico ambulante se agarró del vaso
y sintió que flotaba en la luz artificial
apuró el trago de madrugada
un borracho imitaba el canto del gallo.

Se deslizó por una callejuela
antes de que empezase a clarear
y al pasar por la ventana enrejada
suavecito empezó a silbar.

Pero nadie conocía la tonada
que era inventada para la ocasión
y se fue por el camino a contemplar
los desvelos de las ultimas sombras.

Y caminando iba pensando que ganar
siempre es tentar a la otra cara de la suerte
y que por eso te hacen daño los huesos
cuando golpeas fuerte.

Y así se fue chasqueando los dientes
en memoria de algún actor
cuyo nombre se ha perdido
y que hacía de bandido
y sintió la alegría del olvido
y al andar descubrió la maravilla
del sonido de sus propios pasos
en la gravilla.

O Canto do Galo

O agito dos dias de festa
já se ouvia a um quilômetro da cidade
com um sotaque estranho na fala
dos que encontrou pelo caminho.

Um coro de garotas e uma velha
levantando as saias ao dançar
e um garoto com piadas perigosas
mostrando o orgulho local.

Dos que pagam à noite
para que sua canção nunca acabe
para que o músico de rua sue
sua condição de vagabundo.

Já é hora do aperitivo
e ainda não funciona o carrossel
o músico procurou a calçada na sombra
e a janela onde cheirava a flor.

Aceite esta rosa branca, senhorita
em troca do seu pensamento sombrio
por que motivo tremeram seus lábios
vi em seus olhos o fundo de um vulcão.

E enquanto isso corria o sangue
na praça, como um vinho comum
e as penas dos galos
pelo ar ainda voavam.

Saia da frente, forasteiro
que já não restam senhoritas no bar
já cantou como o galo da paixão
mas esta é minha canção
e a dança vai começar.

O músico de rua segurou o copo
e sentiu que flutuava na luz artificial
bebeu o trago de madrugada
um bêbado imitava o canto do galo.

Deslizou por uma viela
antes que começasse a clarear
e ao passar pela janela gradeada
suave começou a assobiar.

Mas ninguém conhecia a melodia
que foi inventada para a ocasião
e foi pelo caminho contemplar
as vigílias das últimas sombras.

E caminhando ia pensando que ganhar
sempre é tentar a outra face da sorte
e que por isso seus ossos doem
quando você bate forte.

E assim foi, estalando os dentes
em memória de algum ator
cujo nome se perdeu
e que fazia de bandido
e sentiu a alegria do esquecimento
e ao andar descobriu a maravilha
do som de seus próprios passos
na gravilha.

Composição: Santiago Auserón