395px

No Ano 2000

Yassin Adnan

En El Año 2000

Pero los años diligentes pasaron
Como trenes furiosos,
Mientras dejaba mis abrigos
Y mis primeros sueños
Respirar en el armario de la vida.

Y heme aquí tras todos estos vientos heridos:
Veo una urdimbre de ceros en derredor
De la talla del momento,
En la indiferencia de los libros de historia.

No vine aquí por azar.
Atravesé mares y océanos,
Intenté tedios atardeceres
Y mañanas de bendición.
Viví el amor franco
Paseos improvisados,
Y el sueño en las estaciones de tren.
Gozoso,
Hice intercambios secretos
En las calles traseras de la vida.
En el descuido de los guardianes de las estaciones del año,
Hice alejarse las estrellas de mi primer cielo.

No llegué aquí por azar.
Atravesé mares y desiertos,
Vi cadáveres colgados de cordajes
En ciudades abandonadas.

Fui al norte de irak
A casa de kurdos izidienses,
Habían puesto las fotos del demonio
En los muros de sus templos de piedra,
Y recitaban su sagrada biografía
A sus descendientes desvestidos.

Residí en casa de argelinos repletos de ruidos de la vida,
Escondían en sus blusas placeres y cigarrillos,
Antes de salir a la calle, rostros ocultos y dignos de un toque de queda.
Fui hacia el mar del norte,
A casa de las esposas de pescadores
Ellas, ofreciendo pescado
Que no eran mas que semblanzas de guerra.
Atravesé la vasta campiña de mi edad jadeante
De camino hacia el año 2000.

Y ahora,
Tras todas estas zanjas
Que los días cavaron en mí,
Nada sucedió,
Nada ocurrió.

Mi vida, la que yo remolqué
Como una camella flaca
Sobre el declive del alma,
Sirgada siempre tras de mí,
Indiferente de vientos finales.

Y henos aquí como siempre estuvimos:
Sin alas que nos impulsen,
Nuestros ojos siempre dentro de sus órbitas,
Y nosotros, atestados de tartamudez,
Soñando fantasmas.

Entre tantos fantasmas, en el momento del sueño,
El rostro de la institutriz con su velo blanco bordado, lanza destellos.

Y tras ella, se elevan las voces de videntes.

No Ano 2000

Mas os anos diligentes passaram
Como trens furiosos,
Enquanto deixava meus casacos
E meus primeiros sonhos
Respirarem no armário da vida.

E aqui estou eu, após todos esses ventos feridos:
Vejo uma trama de zeros ao redor
Do tamanho do momento,
Na indiferença dos livros de história.

Não vim aqui por acaso.
Atravessei mares e oceanos,
Tentei entediantes entardeceres
E manhãs de bênção.
Vivi o amor sincero
Passeios improvisados,
E o sonho nas estações de trem.
Alegre,
Fiz trocas secretas
Nas ruas de fundo da vida.
No descuido dos guardas das estações do ano,
Afastei as estrelas do meu primeiro céu.

Não cheguei aqui por acaso.
Atravessei mares e desertos,
Vi cadáveres pendurados em cordas
Em cidades abandonadas.

Fui ao norte do Iraque
À casa de curdos yaziditas,
Eles tinham colocado as fotos do demônio
Nas paredes de seus templos de pedra,
E recitavam sua sagrada biografia
A seus descendentes despidos.

Residí na casa de argelinos cheios de ruídos da vida,
Escondiam em suas blusas prazeres e cigarros,
Antes de sair para a rua, rostos ocultos e dignos de um toque de recolher.
Fui em direção ao mar do norte,
À casa das esposas de pescadores
Elas, oferecendo peixes
Que não eram mais que semblantes de guerra.
Atravessei a vasta campina da minha idade ofegante
Caminhando em direção ao ano 2000.

E agora,
Após todas essas valas
Que os dias cavaram em mim,
Nada aconteceu,
Nada ocorreu.

Minha vida, a que eu arrastei
Como uma camela magra
Sobre o declive da alma,
Sempre cortada atrás de mim,
Indiferente aos ventos finais.

E aqui estamos, como sempre estivemos:
Sem asas que nos impulsionem,
Nossos olhos sempre dentro de suas órbitas,
E nós, abarrotados de gagueira,
Sonhando fantasmas.

Entre tantos fantasmas, no momento do sonho,
O rosto da professora com seu véu branco bordado, brilha.

E atrás dela, se elevam as vozes de videntes.