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La divina dama

Enrique Cadícamo


Oye, divina dama,
mi corazón latir.
Oye, divina dama,
las notas de mi sufrir.

En la ventana florida
de tu gracia angelical,
dejo la rima perdida
de mi antiguo madrigal.

Eres tan dulce y tan bella
y tan sentimental,
que de mis versos
robo una estrella
y hago tu adorno triunfal.

Oye, divina dama,
mi corazón latir.
Oye, divina dama,
las notas de mi sufrir.

En mi lunario te sueña
el sol querido de mi amor,
y mi lirismo diseña
un paisaje de dolor.

Y es que al pensar si dejaras
de aceptar mi adoración,
qué triste el mundo
sin tu sonrisa,
¡No mates mi corazón!

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