Arrugas que son surcos con retoños tiernos
Livianas como son los fardos de cargar los sueños
Que tragan ruedas de molino y se les ven todos los huesos
Que saben que sus años tienen más de cuatro inviernos

Silencio por el techo, por los platos llenos
Silencio bañado en sudores de los jornaleros
El sol lo han hecho sus jirones
Que saben lo que vale un beso
Que no quieren llevar los nombres de sus carceleros

¿Qué saben las tripas de puños cerrados?
Saben que las riegan los amargos tragos
Saben todo y más de tenerse en pie
De la soledad
Saben porqué está siempre duro el pan

Monedas de tan sucias tan desdibujadas
Odioso tintineo en manos encalladas
Y son las patas de sus mulas
Si el látigo se llama hambre
Las dueñas de caminos que no son de nadie

Cerrojos al antojo de la poca hondura
Abiertos para dar paso a las herraduras
Que dejan huellas que los guían para volver a desquitarse
Para no tener que rasgarse más las vestiduras

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